Caminaba por el parque como quien no tiene ninguna preocupación en el mundo. El sol se filtraba entre las ramas de los árboles, dibujando pequeñas manchas doradas sobre el sendero. Una brisa suave movía las hojas, los pájaros cantaban desde algún lugar que no alcanzaba a distinguir y, a lo lejos, unos niños corrían detrás de una pelota. Había algo extraordinariamente hermoso en aquella tarde. Todo parecía estar exactamente donde debía estar. Él sonreía. De vez en cuando levantaba la mirada para contemplar el cielo, se detenía frente a una flor que había crecido entre las grietas del camino o seguía con los ojos el vuelo de un ave. Parecía disfrutar de cada pequeño detalle, como si estuviera descubriendo el mundo por primera vez. Y, en cierto modo, así era. Tenía una sensibilidad casi dolorosa para apreciar las cosas. Una sensibilidad que, paradójicamente, parecía separarlo cada vez más del mundo que tanto admiraba. Encontraba belleza en la forma en que la luz atravesaba una hoja, en el...
Historias y pensamientos que atraviesan la mente de un eterno soñador.