En una tranquila y ya entrada noche de otoño, conducía sin rumbo por la interestatal. Con mi agenda personal libre de pendientes, y sin buscar ocuparla, mi mente se encontraba inmersa en miles de pensamientos, mientras iba perdiendo la mirada en el eterno asfalto que llegaba a mezclarse con el mismo cielo en el horizonte. Era una noche de esas que buscaba algo que no había podido tener en largo tiempo; soledad y paz indescriptible, lejos de mi entorno, de esas noches que se te pintan una feliz sonrisa tan genuina como la de un niño de pecho. Mientras la velada avanzaba y la radio se dejaba escuchar a medias, una densa niebla empezaba a notarse a lo lejos de manera exponencial. Al empezar a descender sobre todo la extensa vía, la visibilidad de aquella carretera se vio comprometida al punto de perder un tanto la percepción del camino adelante, esto me obligó a detenerme en la primera gasolinera que pude encontrar. A la distancia, percibía tal panorama con cierto recelo y escalofríos...
Historias y pensamientos que atraviesan la mente de un eterno soñador.